Naomi, ensayista y crítica literaria
Elegí este libro porque una amiga que conoce al autor me dijo que escribía bien. Tenía razón.
Existe un tipo de prosa particular que los ingenieros y pensadores sistémicos producen al escribir sobre su trabajo. Es precisa, pausada y extrañamente bella por su claridad. Pensemos en los mejores pasajes de la obra de no ficción de Neal Stephenson, o en ciertos capítulos de El hombre-mes mítico. Este libro pertenece a esa tradición. Las frases están equilibradas —observaciones breves que se alternan con análisis más extensos y complejos— y el vocabulario está cuidadosamente elegido. "Pico de satisfacción" es una frase encantadora, descriptiva sin ser clínica. "El peso de las palabras" podría haber sido un título de capítulo pretencioso, pero el contenido lo justifica.
El autor evita los errores comunes en la mayoría de los textos empresariales. No hay ideas clave en negrita. No hay resúmenes con viñetas. No hay comentarios informales fingidos. No hay guiones largos que puntúen cada dos frases. El libro confía en que el lector siga un argumento de principio a fin sin necesidad de que lo guíen paso a paso. Esa confianza es, a su manera, una muestra de respeto.
No soy empresario. Soy escritor y ocasionalmente reseño libros de no ficción para una pequeña revista literaria. No puedo asegurarles si los consejos de este libro mejorarán sus ingresos. Pero sí puedo decirles que es un placer leerlo, y que ese placer reside en la combinación de claridad de pensamiento y prosa impecable. Eso es más raro de lo que debería ser.